abril 15, 2026

Desde que tengo memoria, el sonido de los rieles ha sido parte de mi historia. No solo por los trenes que un día cruzaban pueblos y montañas, sino porque en mi sangre corre la dignidad y el sudor de dos generaciones de ferroviarios: mi abuelo y mi padre.Ambos dedicaron su vida a mantener vivas las arterias de acero que conectaban regiones, personas y sueños. No era un trabajo sencillo. Era un mundo de clavos de 6 centímetros, polines pesados, swiches y balineras, de remolques y tornillos monumentales, donde todo se unía con acero, manos curtidas y voluntad inquebrantable.🚧 Oficios de vía y de vidaMi familia vivió en carne propia lo que significaba ser ferroviario. Desde muy jóvenes, mi abuelo y mi padre asumieron distintos oficios dentro del complejo sistema ferroviario: fueron oficiales de vía, motoristas, telefonistas, caporales, operarios, auxiliares mecánicos, administrativos, inspectores, y hasta jefes de estación. En particular, mi abuelo desempeñó esta última labor en Cisneros, donde no solo lo conocían por su nombre, sino por los apodos que con cariño y camaradería le brindaban sus compañeros.El trabajo no se detenía. Había que asegurar el paso firme de la locomotora: mantener los triángulos de intercambio, los dobles rieles, los tanques de agua, el torno de locomotora, e incluso los postes que llevaban las líneas telefónicas a lo largo de los rieles. Todo esto era parte de un engranaje mayor: el de un país que avanzaba impulsado por el vapor y la esperanza.🔥 La locomotora más grande que tuvo ColombiaUna de las joyas de esa época fue la locomotora a vapor más grande que tuvo el país, que llegó a Colombia en 1942. Fue una bestia majestuosa de acero que surcó las vías del Pacífico, llevando mercancías, pasajeros y sueños de un lado al otro. Durante años, fue cuidada y resguardada en los talleres de Facatativá, donde generaciones de ferroviarios como mi familia la mantuvieron viva.Hoy, en un esfuerzo por conservar este patrimonio, esta locomotora fue trasladada por vía terrestre hasta el municipio antioqueño de La Pintada, hogar de la estación de piedra más imponente de Antioquia. Allí será restaurada y convertida en patrimonio histórico y atractivo turístico, como un tributo a la historia ferroviaria del país.🏗️ Talleres de Facatativá: El corazón del progresoPero mientras en otros municipios se celebra y se rescata esta historia, en Facatativá, cuna de tantos ferroviarios y epicentro de los talleres nacionales, pareciera que el tiempo y el olvido avanzan más rápido que los trenes. En estos talleres nació gran parte de la infraestructura que alimentó la red ferroviaria nacional. Barrios enteros en la ciudad se construyeron en honor a los trabajadores del riel. Sin embargo, hoy muchos de estos espacios permanecen en silencio, sin el debido reconocimiento.¿Dónde está el homenaje a aquellos que hicieron posible el progreso? ¿Por qué no se hace un esfuerzo colectivo para crear en Facatativá un monumento, un símbolo, o incluso un museo ferroviario que mantenga viva esta historia?🛤️ Que el fierro no se oxide en el olvidoLos fierros aún están ahí. Las estructuras, los restos de locomotoras, los galpones industriales, las herramientas, los vagones y rieles. Todo está listo para que, con voluntad, pueda construirse un espacio de memoria, un lugar donde honrar a los pensionados y trabajadores ferroviarios que forjaron el país con manos de acero.Porque el tren no solo transportaba mercancías: transportaba vidas, historias, identidades. Era la conexión entre Facatativá, Tequendama, Gualivá, Girardot y más allá. No podemos permitir que toda esta historia sea trasladada a otros municipios sin dejar un legado firme en el lugar donde comenzó gran parte de esta epopeya nacional.Hoy levanto la voz, no solo como nieto e hijo de ferroviarios, sino como ciudadano que cree en la memoria colectiva. Ojalá los gobiernos locales, regionales y nacionales, así como las instituciones culturales, puedan unirse para rescatar no solo una locomotora, sino la historia completa de nuestros ferrocarriles.”Aún se oyen los ecos del silbato en las montañas… que no se apague el sonido del tren en nuestros corazones.”

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