abril 16, 2026

El panorama político del departamento, a veces, parece desfasado. Ha tenido muchos altibajos en procesos pasados y también en los actuales. Hoy se observa con frialdad una Cámara de Representantes lenta en su caminar, donde ninguno de los representantes actuales ha cumplido lo prometido durante los últimos cuatro años.

Lo que sí ha habido son acercamientos, reuniones, desayunos, almuerzos y encuentros sociales de alta esfera que, hasta el momento, no justifican un voto de confianza. No se trata de decir que no se vote, sino de recordar que la gente, a veces, recuerda y a veces olvida. Ese es otro tema, ligado también a investigaciones, investigados o simples trámites que se diluyen con el tiempo.

En un territorio tan polarizado hay votos para todos: propios y foráneos. Pero si en ocasiones los propios no cumplen, los foráneos menos. Al final, quienes realmente cobran son pocos, por no decir los mismos de siempre. En los procesos de campaña no vemos gente nueva: cobran familiares, amigos de los familiares, conocidos y allegados. Algunos trabajan por convicción o cercanía, pero después de un tiempo, esos amigos y votantes son olvidados, y solo vuelven a ser recordados vagamente cada cuatro años.

La pregunta es inevitable: ¿seguirán los electores cayendo en la misma trampa de siempre mientras los municipios no progresan? Cada cuatro años aparecen con la varita mágica, intentando resolver en un solo periodo lo que no hicieron en los cuatro anteriores. ¿A qué juegan? ¿A perpetuarse? ¿A presentarse como salvadores, cuando muchas veces las legislativas solo buscan beneficios para ellos mismos?

No se puede negar que el Congreso es vital para la democracia. Eso no está en discusión. Pero de ahí a que realmente ayude a las comunidades y a los pueblos hay un trecho largo y complicado. Las relaciones entre alcaldías y congresistas pueden ser un buen plan, pero del dicho al hecho hay muy poco.

Por eso, como elector, usted debe definir qué desea. Vote a conciencia. No vote por un contrato para un familiar o un amigo. Vote por su pueblo, su barrio, su ciudad. Siembre conciencia electoral, porque el vicio continuará mientras el electorado no elija verdaderamente bien.

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