abril 16, 2026

Facatativá, Cundinamarca – Han pasado más de 30 años desde que se empezó a hablar de la construcción de la variante Fontibón – Cartagenita – Los Alpes, una obra vial considerada de vital importancia para la región del occidente de Cundinamarca. Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, las promesas oficiales han sido repetidamente postergadas, y la consolidación del proyecto sigue siendo una ilusión para miles de habitantes de municipios como Facatativá, Madrid y Mosquera.

El trazado, que permitiría descongestionar la movilidad en uno de los corredores más críticos para quienes deben desplazarse diariamente hacia Bogotá, aún no muestra avances tangibles. A diario, estudiantes, trabajadores y comerciantes se enfrentan a un trayecto de más de tres horas de ida y tres de regreso, atrapados en embotellamientos que afectan no solo la calidad de vida, sino también la productividad de la región.

Recursos congelados y una ejecución ausente

Aunque el proyecto cuenta con recursos asignados desde hace varios años, estos no han podido ejecutarse de manera efectiva. El dinero está allí, en un fondo destinado exclusivamente a esta obra. Sin embargo, la falta de voluntad política, la ausencia de decisiones firmes y una preocupante falta de seriedad por parte del Gobierno Nacional, han frenado cualquier posibilidad de avance.

La Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) y la Gobernación de Cundinamarca anunciaron en diciembre de 2021 una fase inicial del proyecto, con una inversión superior a los $13 mil millones de pesos, destinados a gestiones ambientales, sociales y prediales. Pese a este anuncio, las obras aún no comienzan, y la población empieza a perder la esperanza de ver hecha realidad esta solución vial.

Una región en pausa: la paciencia se agota

Para los habitantes del occidente de Cundinamarca, el retraso en la variante no es solo un tema de infraestructura, sino un símbolo del abandono estatal. El corredor Fontibón – Cartagenita – Los Alpes es una vía estratégica que permitiría mejorar la movilidad intermunicipal, reducir tiempos de desplazamiento y fortalecer la economía local. Sin embargo, los ciudadanos perciben que el Estado se ha olvidado de la movilidad regional.

“La paciencia ya no da más. Los estudiantes no llegan a tiempo a sus clases, los trabajadores llegan tarde a sus empleos en Bogotá, y los empresarios pierden competitividad. Estamos pagando con tiempo, salud y oportunidades una obra que nunca llega”, afirma Martha Sánchez, residente de Facatativá.

La situación también ha generado malestar en sectores políticos y sociales, que insisten en la urgencia de retomar el proyecto con carácter prioritario. Para muchos, la variante no se ve ni a corto ni a largo plazo, lo que deja la sensación de que la obra se convirtió en un eterno espejismo.

¿Y ahora qué?

El llamado de la comunidad es claro: se requiere una acción inmediata y concreta por parte del Gobierno Nacional y las entidades responsables. No basta con estudios y fases preliminares; se necesita iniciar la obra física, definir cronogramas reales y garantizar su ejecución.

De no actuar con prontitud, las autoridades seguirán acumulando el descrédito de una población cansada de esperar y cada vez más escéptica frente a los anuncios oficiales.

Mientras tanto, los facatativeños y habitantes de municipios aledaños seguirán enfrentando una odisea diaria, atrapados en una vía saturada, y con la frustración de saber que, aunque el dinero está, la voluntad política y falata de seriedad del gobierno brillan por su ausencia.

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